Impresiones del CESA 2026: Un éxito inesperado, una experiencia inolvidable por IVÁN ÍÑIGUEZ (FBCV)

Con motivo del Campeonato de España de Selecciones Autonómicas, seguimos acercándonos a los cuerpos técnicos que lideran los proyectos de formación en cada comunidad, para conocer cómo se estructuran las selecciones desde la base, qué principios guían su trabajo diario y cómo se acompaña el crecimiento de las jugadoras más allá del resultado.

En esta ocasión compartimos la reflexión de Iván Íñiguez Maestre, entrenador de la Selección Cadete Masculina de la Federación de Baloncesto de la Comunidad Valenciana, quien analiza con profundidad y honestidad el camino recorrido por su equipo en un contexto marcado por la dificultad, la adaptación y la gestión de expectativas.

Un testimonio que va más allá del resultado histórico alcanzado —el subcampeonato de España— para poner el foco en la realidad competitiva del CESA, la construcción del equipo desde los roles, la exigencia física y emocional del torneo y el valor formativo que emerge precisamente de la alta competición. Una mirada lúcida sobre cómo competir, crecer y aprender cuando el contexto obliga a salir de la zona de confort.

 

ARTICULO

Pasadas apenas unas semanas desde la ceremonia de clausura de los campeonatos de España de baloncesto Infantiles y Cadetes 2026, no ha habido tiempo para asimilar realmente lo que hemos vivido este año en el CESA.

Acudimos al campeonato con la selección cadete masculina en una situación muy diferente a la vivida por mí los tres años precedentes en los que he tenido la oportunidad de dirigir el grupo. En la Comunidad Valenciana, por ser una de las comunidades autónomas con mayor número de licencias federativas en baloncesto del país, tenemos el privilegio de poder elegir entre un mayor número de jugadores que otros para confeccionar sus selecciones autonómicas y, en mi caso, había podido conformar equipos en las temporadas anteriores de un nivel competitivo tal que acudíamos al Campeonato de España con opciones a priori para pelear por entrar en semifinales del torneo. Pero para esta edición, sin embargo, diferentes circunstancias nos hicieron pensar que las cosas iban a ser mucho más complicadas para nosotros.

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Partiendo de una generación menos exitosa en categorías inferiores de lo habitual, nos esperaba una preparación complicada. Con un calendario de preparación ya de por sí más corto en número de sesiones que en los años precedentes por la disponibilidad de fechas de entrenamiento, tuvimos que restar algunas por suspensiones no recuperables por alertas meteorológicos. También tuvimos problemas de ausencias significativas en el tramo inicial del trabajo y bajas definitivas por lesión en las últimas sesiones, no pudiendo contar finalmente con algunos jugadores importantes de la generación para la competición. Y, sobre todo, en esos tests finales que son los torneos amistosos de selecciones en las semanas previas al campeonato, pudimos constatar la igualdad que íbamos a encontrar este año con muchos otros combinados autonómicos, así como las carencias que deberíamos intentar compensar en nuestro propio equipo para ser competitivos. Con esas dudas llegábamos al campeonato, planteándonos con realismo nuevos objetivos y asumiendo nuevos enfoques de juego y prioridades de trabajo (diferentes a los inicialmente previstos) en la recta final para poder alcanzarlos.

Y una vez terminado el campeonato podemos decir que, en esta ocasión, llegamos aceptando ser “cenicientas” y terminamos consiguiendo el mayor éxito clasificatorio histórico en cadete masculino para nuestra Federación de Baloncesto de la Comunidad Valenciana, como ha sido disputar la final y lograr un subcampeonato. Paradojas de la vida y muestra de la grandeza del deporte. De nuestro deporte.

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El regalo que nos ha brindado el CESA 2026 ha sido, por un lado, la alegría y la sorpresa del triunfo deportivo. Por otro, la satisfacción de vernos reforzados en nuestras ideas de trabajo y de juego, aquellas que nos han hecho ser competitivos pese a las dificultades. Y en tercer lugar, la felicidad por haber dado la oportunidad a todas las personas que han conformado el grupo (técnicos también pero sobre todo a los jugadores) de comprobar que con trabajo y apertura de mente, podemos afrontar retos que nos exigen superarnos y alcanzar metas que más parecían sueños difíciles de hacer realidad al inicio del camino, fortaleciendo con ello nuestra autoconfianza, la humildad y la capacidad de esfuerzo y adaptación a las circunstancias. Hemos crecido como personas y deportistas.

Pero más allá del camino recorrido y de las emociones vividas, tener la oportunidad de formar parte de un evento como el CESA es una experiencia increíble que también te permite reflexionar sobre la esencia del baloncesto que vivimos.

Recuerdo la charla inicial de la primera concentración con el grupo de preselección cadete masculino de este año. En ella les dijimos algo así como que “todos vosotros sois los mejores jugadores en vuestros equipos, y por ello estáis acostumbrados a asumir responsabilidades y roles determinados, y la mayoría pertenecéis a clubes dominantes en vuestras ligas. Pero en la selección debéis ser capaces de entender y aceptar que aquí sois parte de un equipo diferente. Y como tal deberéis ser capaces de desempeñar los roles que os asignemos y saber que en muchos casos éstos serán diferentes a los que habitualmente desempeñáis”. Esa humildad y esa flexibilidad necesaria, les dijimos, habían sido claves para ser preseleccionados, e iban a ser imprescindibles para determinar a los doce jugadores definitivos. Les recalcamos también que “el nivel de exigencia de un Campeonato de España de Selecciones, máxime si se pretende pelear con los mejores, es mucho mayor, especialmente a nivel físico, del que enfrentáis cada fin de semana en vuestros partidos” y que tendrían que confiar en nosotros para guiarlos.

Hablo de todo esto porque se puede llegar a identificar un Campeonato de España, sea Cadete, Infantil o incluso Alevín, con un evento de “baloncesto de formación”, pero en último término de lo que se trata en todos los casos es de “alta competición”, si bien “jugada con deportistas en edad de formación”, que no es lo mismo. Y eso es una realidad que hay que aceptar para competir en él. Son seis partidos en cinco días en los que no se puede tropezar si se quiere llegar lo más lejos posible. Y ello exige competir al máximo en todo momento con deportividad y exigencia. Es competición. Y el tipo de aprendizaje que se va a llevar cada uno existe por producirse en ese contexto. La formación de los jugadores se hace en los clubes y academias, en los que entrenamos y jugamos con ellos casi a diario, y es allí donde hay que cuidar su desarrollo y orientarlos y trabajar con ellos de la manera más responsable posible. Es ahí donde se forjan y surgen los buenos deportistas. Y en las citas de competición exigente, como es el CESA, es donde se puede ver a los verdaderamente competitivos de entre todos aquellos que han tenido la fortuna y el mérito de ser seleccionados. Nadie regala nada en la competición ni en la vida. Y eso también es un aprendizaje importante.

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Una vez en el campeonato, por lo tanto, con estos jugadores se “compite”. Y el objetivo es estar a la altura del reto. Y si se gana, mejor. Pero siempre hay que buscar acabar con la sensación de que lo hemos dado todo. Así también se crece y se aprende.

En este contexto, se hace evidente que el desarrollo físico es un factor clave como ventaja competitiva. Independientemente de las variadas propuestas baloncestísticas que tienen siempre las distintas selecciones, el factor “físico” siempre es muy condicionante, más allá del nivel técnico o táctico que los equipos puedan tener. Y es una posible ventaja a la que nadie puede renunciar. Niños habrá por eso que no habrán podido disfrutar de participar en estos Campeonatos, aun siendo muy buenos jugadores, porque otro, quizá no tan técnico o tan listo, es en el “ahora” más rápido, potente, alto o fuerte, y por ello habrá sido seleccionado en su lugar. No hay que buscar en ello razones de justicia: simplemente el momento ha sido para otro jugador. Ya llegarán en el futuro otros momentos que aprovechar, si estamos preparados para ello. Tampoco, por ejemplo, los doce objetivamente mejores jugadores de una Comunidad Autónoma conformarán su selección si todos ellos juegan en la misma posición. Se trata de construir un equipo compensado que incluya las máximas variantes posibles para competir con opciones. Ese supuesto agravio comparativo, que también se da internamente en los propios equipos a nivel de distribución de minutos o tareas, es, por el contrario, un aprendizaje para la vida real. Son momentos. Y cuando llega la oportunidad (si llega) debemos estar preparados para aprovecharla. Y si queremos que llegue, hay que trabajar para facilitar que pueda ocurrir, sin la certeza de que vaya a ser así. Pero siempre sintiendo que no nos dejamos nada en nuestro “debe” que nos haya hecho perderla.

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Teniendo estas premisas claras, afrontamos nosotros mismos el pasado campeonato adaptando nuestro trabajo y nuestro juego a los jugadores de que dispusimos y a los rivales a enfrentar. Y optamos por centrarnos en el compromiso defensivo (la defensa, la gran olvidada en las prioridades del trabajo técnico-táctico para el “desarrollo del jugador” y por ello la principal carencia en los jugadores físicamente dominantes), así como en perseguir la velocidad en el juego y en la circulación de balón (lo que aúna por un lado la otra gran carencia habitual del jugador trabajado técnicamente, la capacidad de pase, con la lectura de espacios en el juego sin balón). Con esas dos únicas armas, dejando de lado gran parte del trabajo táctico previsto por no tener tiempo material para poder asentarlo, y exprimiendo las virtudes técnicas y físicas “de fábrica” de nuestros jugadores, fuimos siendo capaces progresivamente de ser más constantes en nuestra idea de juego, creciendo con el transcurso de los partidos, y aprendiendo a dejar atrás las inercias heredadas individuales. Con esto y la dosis necesaria de fortuna, los resultados nos han premiado en esta ocasión con un subcampeonato de España.

En la parte menos gratificante de la gestión del equipo en un evento como el CESA queda el intentar enseñar a manejar la frustración que puedan experimentar algunos jugadores al confrontar la realidad que viven en la pista y los banquillos durante el campeonato, con la realidad subjetiva que traen en sus creencias personales previas. Como en la vida, las cosas no siempre son como uno espera y desea, máxime para personas con un autoconcepto demasiado elevado, sobre todo en un contexto tan exigente como una competición de selecciones. Y hay que ser capaz de afrontar la frustración y los retos para no caer en el desánimo. Mejor “aceptar” y tratar de aportar al equipo en aquello que pueda, que caer en la tristeza. Y son esas caras tristes en algunos jugadores (quizá por haber jugado menos de lo esperado o porque considere que no le han salido las cosas bien) y que ves en medio de situaciones que deberían ser de alegría colectiva (por ejemplo en una victoria) lo peor de la experiencia del campeonato.

Sin embargo, nada empaña la diversión, la satisfacción de poder competir entre los mejores y la oportunidad de interactuar dentro y fuera de las pistas con jugadores/as de todos los rincones del país, así como la emoción de muchos momentos y la experiencia de jugar en las magníficas instalaciones en las que se desarrolla el torneo, como ha sido este año la final y la clausura en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza.

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Y no quiero olvidarme de hablar de la experiencia como entrenador en el CESA, ni dejar de destacar la oportunidad de vivir estos días en compañía del cuerpo técnico, tanto dentro del grupo cadete masculino como con los del resto de selecciones. No nombraré a nadie por no dejar a nadie sin citar, pero es de justicia destacar la increíble comunión que se alcanza con los compañeros en el día a día. En una semana tan corta como intensa, compartimos mucho trabajo para preparar los partidos, siempre a contrarreloj, y gestionar la agenda con todo el grupo en los diferentes aspectos que hay que abarcar. Y siempre hay sonrisas, frases de apoyo y de motivación y una mano que echar desinteresadamente entre nosotros. La unidad de los compañeros es absoluta en los momentos de celebración, pero sobre todo en los que las cosas no salen como quisiéramos…y ahí se percibe el apoyo de todos para echar una mano o para levantar el ánimo y sacarte una sonrisa. Personas con las que quizá poco tengas en común el resto del año se convierten en verdaderos amigos listos para estar a tu lado en lo que necesites. Tanto a nivel profesional como humano, se aprende de ellos cada día.

En nuestro caso, pues, podemos afirmar que hemos tenido la suerte de vivir una experiencia enriquecedora, única e irrepetible este año, que dejará huella en nuestros corazones para siempre.

 

CURRICULUM

Iván Íñiguez Maestre

Formación:

  • Entrenador Nacional de Baloncesto, por la FEB (CES 2008)
  • Licenciatura en Medicina y Cirugía, por la Universidad de Valencia (1994-2001)

Trayectoria FBCV:

  • 2025-act. Coordinador territorial del Programa de Tecnificación de Minibasket de la FBC
  • 2022-act. Seleccionador Cadete Masculino Autonómico FBCV
  • 2010-2013. Cuerpo Técnico Selecciones Autonómicas de la FBCV
  • 2009-2013. Entrenador Campus de Tecnificación FBCV

Trayectoria Clubes:

  • 2025-act. Entrenador de baloncesto equipo sénior Autonómica Club Baloncesto Castellón
  • 2007-2024. Entrenador de la selección CADU de baloncesto femenino de la UJI
  • 2018-2025. Director Técnico del Esportiu Bàsquet Vila-Real
  • 2020-2025. Entrenador de Baloncesto del equipo EBA (3ª FEB) del Esportiu Bàsquet Vila-Real
  • 2015-2020. Entrenador de Baloncesto del equipo sénior 1ª División Nacional Masculina del Esportiu Bàsquet Vila-Real

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