Calidad y Cantidad. Editorial 135

Hace unas semanas pude tener una reunión muy interesante con el presidente y gerente de la Federació Catalana de Basquet en su sede institucional. Siendo esta una de las federaciones autonómicas con mayor número de licencias y equipos, debatimos sobre varios temas de relevancia y en uno de ellos nos entretuvimos un poco mas: la necesidad de pistas cubiertas para que las competiciones tengan sus oportunidades máximas.

Cuando jugaba a baloncesto, solo tuve oportunidad de disponer de este tipo de instalación cuando me fichó un club en 1976 para jugar en lo que ahora equivaldría a la 2ª FEB (o Leb Plata para los nostálgicos como yo). Era la misma categoría en la que jugaba en mi club anterior como federados, pero que era un colegio de la Salle donde estudié y aprendí a querer a este deporte. En esa categoría no era obligatorio, todavía, disponer de una cancha cubierta por lo que cuando llegué a mi nuevo club me sentía como un absoluto privilegiado.

Felizmente, ahora las normativas y el gran desarrollo de nuestro deporte conllevan que se deba disponer de este tipo de condiciones para competir, incluso desde categorías de formación. Por supuesto que esta circunstancia estimula la práctica y la mejora técnica de nuestras jugadoras/es, haciendo que tengamos un gran prestigio internacional como formadores de todos ellos.

Sin embargo, morir de éxito es también muy malo. Exactamente me refiero al hecho que si para disponer de instalaciones cubiertas en ciudades grandes como Barcelona o Madrid, dando cobertura a los miles de equipos que necesitan entrenamientos y partidos, solo se consigue siendo una constante la itinerancia de lugares donde hacerlo un mismo equipo, a veces en tres instalaciones distintas, a horarios diferentes y desplazamientos no habituales.

Creemos que este tipo de soluciones no son muy buenas por todo el impacto negativo que tiene sobre los practicantes, sus estudios, sus familias, los entrenadores, la logística y la seguridad en general, tema este a tener en cuenta actualmente más que nunca.

El incremento de participantes en un deporte en progresión constante como es el baloncesto es buena señal de nuestro presente y futuro. Pero la calidad del trabajo y también el tener un lugar estable donde desarrollarlo es fundamental.

Sin reducir para nada el número de jugadoras/es, tal vez ha llegado el momento de configurar alguna formula innovadora para tener modelos de club donde hayan tenido en cuenta que la calidad del servicio es muy importante para satisfacer a la cantidad de los que lo utilizan.

No todos los clubs son iguales, pero con planteamientos paralelos basados en alianzas con otros actores intervinientes que podrían aportar sus instalaciones privadas, las públicas están absolutamente colapsadas por las distintas disciplinas deportivas, tal vez existirían posibilidades de mejora en ese punto que ponemos en crisis. Entidades escolares que tienen su baloncesto a menor escala que un club de la zona podrían estar interesadas en fomentar alianzas que les permita crecer y ayudar a crecer.

Sigamos investigando por este camino y busquemos opciones distintas para resolver problemas actuales.

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