En recuerdo de Tona Vives

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Se nos ha ido una persona extraordinaria, con una gran y pasional vinculación con el baloncesto: Tona Vives, la madre de Marc, Ricky y Laia. Esposa de Esteve Rubio. Abuela de Max. Qué gran familia.

He tenido la fortuna de estar cerca de todos ellos, desde hace años, en colaboración con el campus veraniego de Ricky Rubio y puedo afirmar que es una de las personas con mayor grado de generosidad hacia los demás que he conocido nunca.

Ella, sin ser entrenadora, sería capaz de aportar a un equipo de niñas o niños todos los valores educativos y éticos que de un entrenador de equipos en formación se espera. Sin ser entrenadora, sería capaz de hacer crecer como seres humanos a todas aquellas jugadoras y jugadores que hubiese tenido a sus ordenes. Sin ser entrenadora, sería capaz de, pasados años después de haberles entrenado, cruzarse en la calle con ellos y recibir las muestras de agradecimiento que esas jugadoras y jugadores le demostrarían por sus enseñanzas para la vida y que tanto les han servido. Sin ser entrenadora, sería capaz de ser respetada y reconocida por el colectivo de entrenadores por su actividad deportiva, educativa y formativa hacia los demás. ¡Ay si hubiese sido entrenadora!

Estaba con ella una aciaga noche de los primeros días de Marzo del 2012, en Minneapolis, en un partido de Ricky contra los Lakers. En la penúltima jugada del partido, con el marcador igualado, sobre todo por el fenomenal partido que hizo su hijo, un choque entre la rodilla de Kobe Bryant y la de Ricky llevó a éste a sufrir la mayor lesión que ha tenido. Era la temporada de su soñado debut en la NBA y llevaban dos meses y poco mas de competición debido a la huelga que habían promovido los jugadores.

Accedimos a los túneles del anillo interno, en la zona de vestuarios y la vi sufrir. Como toda madre, era el estado físico del hijo lo que la tenía en vilo. No pensaba en el deportista. La necesidad estaba en su hijo y su salud. Pasados muchos minutos de espera, mientras procedían a las primeras pruebas y exploraciones en el vestuario, salió Ricky apoyado en uno de los auxiliares de su equipo y ella pudo abrazarlo. A mi se me saltaron las lágrimas.

Caminamos juntos por los corredores internos y nos detuvimos para esperar el coche que lo debía llevar al hospital. Tenía mala pinta la lesión. En ese momento sucedió uno de los hechos más claros para explicar cómo era Tona. Se giró hacia mi y, procurando que no la oyera Ricky, me dijo: “Deberíamos explicar en la web del campus que quizás deba suspenderse y así no defraudar a nadie, en previsión que Ricky no pudiese estar presente” Con lágrimas en los ojos le dije que no se preocupase y que sólo estuviera por su hijo. Así era ella. Absoluta generosidad y entrega a los demás.

Descansa en paz Tona. Los que hemos tenido la posibilidad de haber estado a un metro tuyo nunca te olvidaremos.

Juan María Gavaldá Robert
Presidente de la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto

 

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