Baloncesto y Salud. Editorial Revista CLINIC 113

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Es evidente que todos estamos convencidos que la práctica de deporte es una vía de proyección positiva de la salud. Por supuesto que cada una de las disciplinas a practicar tiene sus propias características y exigencias. Pero no cabe duda que la mayor de las condiciones para realizar una buena actividad deportiva es la moderación, tanto en la intensidad como en la dedicación.

La palabra moderación no quiere esconder un concepto de reducción, más bien significa que todo lo que se hace tiene reglas de comportamiento, con nosotros mismos, con el entorno, con los compañeros si los hay. Y más. A la moderación se le engancha otro concepto capital: la edad.

Cada persona que hace deporte tiene un sinfín de circunstancias que le activan y condicionan, pero seguramente la edad de ese deportista es fundamental para decidir qué se hace, cómo se hace y cada cuánto se hace. Ciñéndome al baloncesto no es lo mismo el niño o niña que juega en edad escolar o adolescente. Como tampoco lo es si la edad es en plena juventud. O si es un profesional. Mucho menos si es un practicante de Maxibaloncesto (más 40).

Los entrenadores debemos tener clara la idea que la exigencia hacia nuestros jugadores está dentro de los parámetros que tocan. Deberemos adecuar la cantidad de entrenamientos que realizan, la intensidad en cada momento, el número de partidos que juegan, a la auténtica capacidad que tienen por su edad, en beneficio de su salud. Para mejorarla, pero sobre todo para no empeorarla inadecuadamente.

Cuando se habla de un control en la prevención de lesiones de los jugadores profesionales, se está hablando de ayudar a su salud. Hay muchos protocolos establecidos en esta línea. Sin embargo, este número de jugadores es un mínima parte de los practicantes del baloncesto. Deberíamos establecer unos sistemas de control, simples y efectivos, para tener claro qué hacer y cómo al respecto de los otros cientos de miles de jugadores que disfrutan con el baloncesto. Información de cómo ayudarles en su salud, posibilidades de consultar fácilmente a especialistas y sobre todo responsabilidad de no pasar líneas rojas en la exigencia, tanto la propia del deportista como la de sus entornos próximos.

El sistema médico-deportivo necesita la colaboración de todos, pero sobre todo necesita datos. Hay poca información general sobre lo que pasa en el deporte no profesional, es decir en la mayoría de los practicantes. Saber cuántas lesiones se producen, de que índole son, cuánto tardan en sus recuperaciones, etc, sería de gran ayuda para establecer criterios de comportamiento y protocolos de actuación, que ayudaran a nuestra jugadoras y jugadores, de cualquier edad, a practicar con la mejor efectividad hacia su salud.

En este punto, la AEEB pone en marcha una conexión con la Asociación de Médicos Traumatólogos del Baloncesto y con la recientemente fundada Asociación de Preparadores Físicos del Baloncesto, para liderar un proyecto nacional en la línea de lo que en este artículo se dice. Invitamos a aquellos entrenadores de baloncesto, incluso de otros deportes, que quieran añadirse a este proyecto, que nos hagan llegar sus ideas, experiencias o voluntades de colaboración.

Juan María Gavaldá Robert
Presidente AEEB

 

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