Jordi Sampietro: "Tiré una moneda al aire y me quedé en Belgrado"

Si quieren un ejemplo de lo que es buscarse la vida, sigan leyendo esta historia. La de Jordi Sampietro es la de un hombre que removió todo en busca de una oportunidad en el mundo del baloncesto. Él, Licenciado en Eduación Física y en Psicología y con el Título de Entrenador Superior decidió marcharse hace ocho años a los Estados Unidos a abrirse una carrera como técnico que pronto le empezó a plantear dificultades. Al otro lado del Atlántico, en Indiana, en la Universidad de Syracuse, pronto le dijeron que si bien en el pasado podría haber tenido una oportunidad de entrar en el staff, que ahora se olvidara. Le dejaban estar en la grada y poco más. Las normas habían cambiado y ya era imposible acceder de la forma en que ataño se hizo a los cuerpos técnicos de las universidades para trabajar con ellos. Lejos de rendirse, este hecho espoleó a un Sampietro que, desde la decisión de un camino emprendido sin retorno ("a España no quería volver"), mandó su CV a "los cinco continentes", con una propuesta muy especial. "Ofrecía todos mis conocimientos, toda mi ayuda, a cambio de nada. Algo que chocaba mucho a aquellos que lo recibían. Les parecía algo raro". Cuando mandó los centenares de CV, su suerte estaba echada, aunque él ni lo intuyera. Desde ese momento, Belgrado sería su sitio.

 

Comienzos difíciles

"Finalmente me llamó un equipo de Belgrado, que ya no existe, aunque no es por mi culpa (risas) y me dejaron hacer labores de staff técnico. Fue muy duro, lo pasé realmente mal. No solo por el idioma, sino también porque me apoyaron poco, no valoraban mi trabajo. Exploté, pero después de unos meses allí, con el camino de no retorno emprendido, no podía volver a España. Hacer contactos, crecer como profesional y darme a conocer era parte de mi estrategia para ir a más. Sólo acababa de comenzar". Esa valentía repleta de problemas iniciáticos, también minó su capacidad económica. "Me pagaba yo todo, el piso también. Vivía de mis ahorros y al estar en el día a día de un club, aunque no cobrase, no podía dedicarme a otra cosa". Otro ejemplo más de persona que trabaja gratis para abrirse un hueco. Asociada esta idea a España y la juventud, no viene mal poner sobre la mesa este tipo de ejemplos foráneos para observar que en otros sitios, también se dan este tipo de situaciones.

"Tuve suerte porque un poco después de todo aquello, en 2005, me llamó el Estrella Roja y, sin percibir nada tampoco, pasé a formar parte de su cuerpo técnico. Estuvo bien, porque podía acudir a las charlas y aprender mucho". Acabada la experiencia con uno de los clubs más míticos del panorama balcánico, llegó el punto de inflexión para Sampietro. "Recibí una oferta de una agencia de representación española, para trabajar con ellos en Belgrado. Y a la vez, el que Guipúzcoa Basket me llamó para que fuese entrenador asistente". Es decir, esto último, lo que siempre pretendió este catalán. Sin embargo, su situación había cambiado bastante desde aquellos días en los que mandó CV como loco a cualquier sitio. "Yo ya estaba bien en Belgrado, me había adaptado a la ciudad después de un año, me gustaba. Realmente no sabía que hacer. Y tiré una moneda al aire. Cara o cruz. Salió Belgrado. Aquí sigo".

Desde entonces, Sampietro ha trabajado para varias agencias de representación recabando información sobre jugadores de toda Europa, viajando, conociendo mundo. Aunque no ha sido un proceso continuado. "Tras mi primer trabajo con una de estas empresas, hice una pausa, en la que afronté un reto tremendo como es el Ironman. Competí en el de Niza y lo terminé en 15 horas. Viajé a Nigeria, me abrí más al mundo y vi realidades distintas".

Y después de eso, vuelta a Belgrado. "Quería quedarme allí y vivir del baloncesto. Piqué puertas y empecé con otra agencia, con la que trabajo actualmente, y recientemente con un nuevo proyecto 'BelgradoBasketball' (http://belgradobasketball.com/), dedicado a entrenadores que quieran venir 10 días a convivir con las dinámicas de los clubes y ver entrenamientos, asistir a partidos...Queda mucho trabajo por delante, hay que picar piedra, pero de momento no me puedo quejar". Sobre los serbios comenta que "es una gente muy desconfiada, pero por los palos que les ha dado la vida. Siempre piden algo a cambio y son muy inaccesibles". Condicionantes que no parecen echarle atrás a la hora de seguir muchísimo tiempo en un mundo "donde puedes ver todo el baloncesto que quieras. Para mi Belgrado es felicidad".

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