El entrenador asistente: Chechu Mulero

 

Chechu Mulero nos atiende el viernes 17 de febrero, tiempo de Copa pero no para el Valencia, que no alcanzó ese escenario. La entrevista se produce tras una serie de retrasos motivados por la marcha de Olmos y la llegada de Perasovic, con el propio Mulero haciendo de puente entre un técnico y otro. Por eso quisimos que volviese a su esencia de entrenador ayudante para realizar este encuentro. Aunque es día libre para la plantilla de Valencia, no para él, incansable trabajador.

Acabo de terminar de entrenar con los lesionados. Estamos realizando poco a poco la vuelta a su actividad, con ejercicios de tiro, trabajo de poste bajo. Ha sido una buena sesión”.

Mulero ama su trabajo y no esconde, en ningún momento de la charla, las razones por las que prefiere ser asistente, ayudante, segundo entrenador, pongan ustedes el nombre. Él es feliz con su labor y si eso colma a un ser humano, el reto en la vida está cumplido. No todos son primeras espadas. El baloncesto, y todos los ámbitos en general, necesitan de esos currantes más anónimos, más secundarios, pero claves para que todo esto funcione. Nosotros estrenamos esta sección del “Entrenador asistente” y qué mejor ejemplo que Mulero. Nunca más entrenador principal, eso lo tiene claro.

La experiencia final en Valladolid fue muy complicada y hubo cosas que me marcaron. Tuve aquel tumor, nació mi hija justo el día que me destituyeron. Y también hice cosas pensando más en el club que en mi propio trabajo”. Y así le fue. Mulero aceptó el cargo de entrenador jefe en el banquillo del Valladolid, el club de siempre, en el que se formó como profesional, en la tierra que le vio nacer. Ayudante de Brabender, tuvo su primera incursión temporal al frente del equipo en el otoño de 1996, hasta que le relevó Paco García. Primera interinidad que apuntaba a un destino donde ayudar más que dirigir iba a ser su camino. El propio García y Aranzana se valieron de los conocimientos de un joven entrenador que iba sumando temporadas a su CV profesional. Pero siempre quedaba el hacerse con las riendas de un proyecto desde el principio, nada de sustituciones temporales. Le llegó la ocasión y tan pronto como vino, se fue

Nunca más

Once encuentros, un tercio de la temporada y muy malas experiencias, propias y ajenas, acabaron con sus huesos fuera del equipo donde estuvo siempre, el Valladolid. Era diciembre de 2002 y Mulero entonces supo que jamás, jamás, volvería a ser entrenador jefe. Lo que nos decía antes de que quedó marcado por una época donde tuvo ese tumor, donde vio el alumbramiento de una hija y donde se quedó sin trabajo. “Al final, aprendes a relativizar. Hubo errores de composición y otro tipos de fallos de dirección”. Quedó tocado y marchó de sus orígenes para buscar calma y oxígeno en otros lugares. “Tuve ofertas para llevar como primer técnico a equipos, pero no quise. Decidí que, salvo situaciones puntuales como las que acabo de vivir, mi ocupación era otra”. Y se fue al Unicaja, donde siguió construyendo esa trayectoria de asistente que luego le condujo a Valencia, donde repite, es feliz.

Me encanta. Me apasiona analizar el baloncesto e involucrarme al máximo. No entiendo las cosas de otra forma que con máxima dedicación. Soy muy organizado y no dejo nada a la improvisación”.

Metódico, sin llegar al exceso de la manía, que Mulero viva alejado de los focos no significa que no sufra presión ni padezca de los malos momentos de sus ‘superiores’. A su lado han pasado, en Valencia, algún que otro entrenador. “Es duro cuando se produce una destitución. Primero por la persona, porque pierdes un compañero de trabajo. Y también porque si a él no le han salido las cosas también parte del problema es tuyo, porque has estado en el mismo grupo de trabajo. Hay algo de responsabilidad en los ceses de mis compañeros en la persona del segundo entrenador, por supuesto. Eres parte del fracaso”.

Tras Olmos, llegó Perasovic y son esos días de zozobra que suceden a las destituciones donde Mulero más trabajo tiene. No sólo por hacerse cargo del equipo mientras que se busca un sustituto, sino porque una vez que este llega, toca transferir mucha información. “Con Perasovic, igual que en su día con Pesic, el proceso fue rápido. Hay que huir de la incertidumbre y de la desilusión y dejar claro al nuevo que todo está bajo control. Y mientras que soy entrenador principal, pues no me complico. Hay que ser directo y no innovar demasiado”. A Mulero le funcionó, puesto que firmó un 2/2 mientras que llegaba a la ciudad del Turia Velimir Perasovic.

Desde las 9 de la mañana yo ya estoy en el pabellón. Preparo los partidos con Ibon Navarro y hacemos el scout escrito y digital. Toda la información la vamos gestionando y está lista para cuando sea pedida. Unos técnicos solicitan más que otros pero siempre disponemos de todo lo que necesiten”.

Mulero espera que ese día a día siga mucho tiempo en Valencia. “Acabo contrato, pero estoy muy feliz y quiero seguir aquí mucho más”.

 

 

 

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