Alejandro Martínez: “La ilusión que me mueve cada día es que soy entrenador de baloncesto”

Alejandro Martínez, técnico del Ibersotar Tenerife, nos recibe en la sala de espera de la T2  del aeropuerto de Barajas el viernes 10 de enero. Y es que de espera está, aguardando durante horas coger el enlace que le termine de llevar desde Tenerife a Valencia, donde mañana sábado (18 horas, Teledeporte) se mide al conjunto de Perasovic. Los isleños, con la Copa del Rey en mente, a la que pueden llegar seguramente si ganan uno de los tres duelos que les restan para cerrar la primera vuelta.

Animoso, en una buena charla de mediodía, apunta que el de mañana será su partido número 352 con el Iberostar Tenerife, en su décima temporada consecutiva en el club. Ha entrenado al equipo en LEB 2, en Adecco Oro y desde hace curso y medio, en la élite de la Liga Endesa. Amante del baloncesto en su conjunto, capaz de verse, y de escribir sobre ellos, partidos de cualquier tipo, Alejandro Martínez fue periodista del Diario de Avisos hasta 2011 y entrenó además de al equipo senior en el que lleva una década, a conjuntos de diferentes edades. Tanto trabajo, tanto horario ajustado, solo se puede sobrellevar amando lo que haces.

Yo sé que Jesús Sala lleva como yo, 10 años menos dos meses, porque él empezó en noviembre y yo en septiembre. Salvo él, no creo que haya en España ni en baloncesto ni en otros deportes casos así. Son difíciles de ver y difíciles de entender”, apunta Alejandro Martínez.

Estar diez años en un sitio pasa mucho en el fútbol inglés, en universidades estadounidenses de entrenadores que llevan 20, 30, 40 años en el mismo programa. Y en España no es así. El entrenador es el que a las primeras de cambio, salta. En nuestro caso no ha sido así y eso que hemos pasado momentos muy críticos como mi segundo año en LEB 2 cuando perdimos 12 partidos consecutivos y nos salvamos en play off de descenso; o el año pasado, sin ir más lejos (el del debut de Alejandro en la Liga Endesa) cuando perdimos 6 partidos seguidos y se siguió confiando. Algo que en otras plazas, en otros lugares, en otros deportes, se intenta cambiar un jugador y si no funciona, se quita al entrenador. A mí eso no ha sucedido”.

Como una gran familia

Una de las claves de la continuidad de Alejandro es la convivencia con un grupo de gente en el club, prolongada a lo largo de esta década, desde la directiva, coetánea casi a su llegada hace 10 años, pasando por el médico, que lleva 22 años, o bien hombres como Jaime Heras, 11 campañas ahí, Levi Rost, Richotti, Chagoyen.

La ilusión que me mueve cada día a seguir en el mismo club es que soy entrenador de baloncesto. Considero un poco circunstancial que sea entrenador profesional de baloncesto. El 5 de octubre del año 92 empecé a trabajar en el colegio Luther King y hasta el año pasado estuve trabajando allí. He entrenado masculino, femenino, niños, niñas, profesionales. Me levanto cada día por mi amor al baloncesto. Me refiero a que no he sido profesional en el plano económico hasta hace poco, porque la preparación que se hace para entrenar a jóvenes y niños sí lo es. Yo siempre digo que un entrenador profesional debería dedicar dos horas a la semana a ayudar a equipos de formación para que sus entrenadores sean mejores”.

Alejandro estuvo 9 años combinando el día a día como entrenador jefe del Iberostar Tenerife (CB 1939 Canarias) con la dirección de equipos de formación, incluso en su año de debut en la Liga Endesa, lo que demuestra su amor por sentarse en cualquier banquillo. “Cuando estaba en LEB Oro, los viernes jugábamos y el sábado había un partido de niñas de 4º de primaria que afrontaba con la misma ilusión”.

Vivir en una isla trae un desgaste físico de viajes a la Península si compites en la elite, un día a día duro, que sólo se sobrelleva “con el amor a lo que haces. Además yo tengo una mujer que ha sido jugadora de baloncesto y vivo en Tenerife, donde se respira baloncesto por todos los lados”.

Alejandro echa la vista atrás y ve un entrenador como él hace 10 años “bastante pardillo en algunas cosas. El tiempo te va enseñando que no todo el mundo es bueno, que hay gente algo peor. Era bastante inocente en algunas cosas, pero la vida te va dando golpes y enseñando. Me gustaría en algunas cosas parecerme al de antes, aunque al final estás en un mundo profesional en el que te encuentras obligado a ganar cada fin de semana, a competir, algo que te hace tener un callo y madurar para afrontar cosas que te gustan menos”.

El éxito que vive ahora no le ha hecho cambiar ni un ápice dado de lo que es y le rodea. “Para nada. Sigo yendo a los mismos restaurantes, rodeado de la misma gente, viendo partidos los sábados y los domingos de minibasket, tengo los mismos amigos”.

Con mesura por todo, Alejandro no se viene excesivamente arriba, ni cuando gana títulos, como en sus años de Adecco Oro, ni cuando toma la pista del Real Madrid un día de marzo de 2013. “Tengo a mi mujer Patricia y a mi madre que cuando ven que me salgo un poco, me dan una colleja”.

La sencillez de un tipo que más allá de que clasifique a los suyos o no para la Copa, ha hecho historia en el baloncesto español. Un ejemplo de permanencia. Alejandro Martínez.

 

Foto: Esther Casas/ACB Photo

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